La verdadera amistad ha muerto. Ya no existe. Es un bonito cuento
y esa cosa emotiva que veis en las películas. Aquí, en el mundo real, cada uno
va a lo suyo y nadie da una mierda por ti. Tu madre, si tienes suerte. Lo
irónico de esto es que los que lo creen están súper ocupadísimos pensando “jo,
no tengo amigos, qué solo estoy, qué poco caso me hacen, y qué poquito me quejo”.
Y así estamos, mirando las lagrimitas que llenan esa piscinita que es nuestro
ombligo. He ahí uno de los problemas.
Es
muy cómodo bañarse entre la tristeza y la autocompasión. ¿No os dais cuenta de
que todos estáis pensando lo mismo? “Es que YO siempre tengo que andar detrás
de ELLOS, después de todo lo que YO he
hecho por ELLOS, es que YO los animo y ELLOS
a MÍ blablabla y ñiñiñi”. Pues
nada, que prosiga tu baño.
Y ahí, flotando en silencio, llegas a la decisión del siglo
(que por cierto no se le ha ocurrido a nadie): voy a pasar de ellos, y si
quieren algo, que vengan.
Bravo.
Todo el mundo se empeña en recibir exactamente lo mismo que
da. Digo... que no sé yo aún como miden esas cosas, pero bueno, parece que
algunos tienen una báscula de favores y amor. Porque dar y recibir es lo justo
¿no? Pero ¿quién te ha dicho que la vida sea justa? ¿De verdad haces las cosas que haces para
recibir algo a cambio? Pues bravo de nuevo.
Segundo problema: nadie arriesga. No vaya a ser que le timen al llegar
la hora de pesar en la báscula. “Eh, cabrón, me has puesto menos abrazos de la
cuenta, devuélveme mi amor”
Tercer problema: todos nos creemos súper buenos ¿y sabes
qué? Damos asco. Algunos se creen los amigos perfectos. Pero no. No siempre
sabemos reaccionar bien y a tiempo. No siempre conseguimos hacer sonreír a
nuestros amigos. No siempre nos damos
cuenta de que les pasa algo. O aún peor, de que no les está pasando nada.
No somos perfectos. Pero nuestros amigos tampoco. Vamos a
cagarla, puede que la jodamos bien jodida y llegará un día en que alguien nos
necesite y no estemos. Pelearemos. Diremos gilipolleces y seremos más francos de la cuenta. Pero en un día como hoy creo que de eso se trata, de dar asco,
pero juntos. Y de no rendirse, porque los verdaderos amigos no lo hacen.
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